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El legado de Tello: el fardo Paracas 298

El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú destaca a nivel mundial por la extraordinaria importancia del patrimonio cultural que custodia, especialmente la gran colección de fardos y ofrendas funerarias de la cultura Paracas, producto de excavaciones científicas. Ello se debe al trabajo exhaustivo del padre de la arqueología peruana, Julio C. Tello, cuyos restos yacen por su voluntad en este museo.

Tello y sus discípulos abrieron muchos de estos fardos paracas, tanto para su estudio como para sensibilizar al público y las autoridades sobre su gran importancia. La conservación y análisis de su contenido ha permitido comprender mejor las ideas frente a la muerte de los antiguos paracas, que se enterraban con una gran variedad de ofrendas, según su rol y estatus en esta sociedad.

De este grupo destaca el fardo funerario paracas 298 por la historia que lo envuelve y las ofrendas que acompañaron al personaje en su viaje al otro mundo. Parte de estos bienes pueden ser apreciados actualmente en la sala Paracas del MNAAHP, por esta temporada.

El hallazgo

Como parte del quehacer del Museo Nacional, hacia 2004 se llevó a cabo una investigación de los fardos funerarios de Paracas. Durante la búsqueda en los archivos, la arqueóloga Maritza Pérez notó que había un fardo funerario de primera categoría que aparentemente no había sido abierto, pese a que durante décadas se creyó lo contrario. Al contrastar ésta información con la colección de restos humanos y con otras áreas técnicas del museo, se corroboró que el fardo 298 de Paracas nunca había sido abierto, desconociéndose su contenido. Mucho tiempo después de su muerte, el legado de Tello aún contenía sorpresas para sus sucesores. Señala la arqueóloga Pérez que “Tello nos dio la oportunidad de investigar el fardo 298 para comprender el ritual mortuorio Paracas, pero también para dejarnos embargar por las emociones que significan un desenfardelamiento”.

La lucha de un padre: la estrategia Tello

Es conocido que Julio C. Tello tenía una preocupación paternal por nuestro rico patrimonio cultural, ya que su estudio revelaba el pasado peruano. Pero mientras se lograba grandes hallazgos en excavaciones arqueológicas como las de Paracas, las autoridades políticas buscaban impresionar al resto del mundo enviando al extranjero piezas prehispánicas y hasta fardos completos. No se reparó en disponer de ellos, pese a que aún no habían sido estudiados, en contra del principio de mantener la integridad de las colecciones, y poniendo en peligro la información y su conservación.

Consciente de esta amenaza, Tello decidió cambiar los códigos de seis fardos funerarios de primera categoría por otros números asociados a piezas poco llamativas, logrando así preservarlos para el adecuado estudio y disfrute de las futuras generaciones. Similar acción tomó la primera mujer arqueóloga peruana y directora del antiguo Museo Nacional de Antropología y Arqueología, hoy MNAAHP, Rebeca Carrión Cachot. Sin embargo, en la década de 1950, por orden del presidente Manuel Odría, se entregó objetos arqueológicos, entre ellos fardos Paracas, a instituciones como colegios y universidades, a pesar de la oposición de la Dra. Cachot y otros especialistas.

Revelación del fardo 298

A diferencia de los tiempos de Tello, cuando “el desenfardelamiento se hacía en 1 o 2 días usualmente, cuando en el museo tuvimos la oportunidad de hacerlo en un lapso de varios meses, pues nuestro objetivo era que nada fuera alterado” explica Carmen Thays, curadora de la colección de Textiles del museo. De esta manera, un numeroso equipo de profesionales del MNAAHP tuvo la oportunidad de recoger información detallada de las ofrendas que acompañaron al fardo funerario 298, que revelaron cómo fue enterrado el individuo, qué objetos lo acompañaron, y qué mensaje transmiten las imágenes plasmadas en los objetos.

Es así que se descubrió al momento de desenfardelarlo que éste fue posiblemente uno de los últimos cuerpos enterrados en Wari Kayan. También que lo acompañaban 2 capas de textiles y ofrendas que representaban al mundo de arriba (de los vivos) y el mundo de abajo (de los muertos), capas conectadas por paños que tenían la gráfica de una mosca, elemento presente también en la cultura moche, y que es considerado como “mensajero” entre ambos mundos.

Información publicada

Cuando Tello dirigía al antiguo Museo Nacional de Antropología y Arqueología realizaba expediciones arqueológicas en todo el país para incrementar las colecciones del mismo con piezas obtenidas científicamente. Actualmente, a pesar de no realizarse más este trabajo de campo, las nuevas generaciones de investigadores pueden estudiar los hallazgos en las exposiciones y depósitos del museo. Una muestra de ello es la publicación de este nuevo número de la revista Arqueológicas del MNAAHP, que contiene once artículos que a través del estudio exhaustivo de los objetos y restos humanos recuperados del redescubierto fardo 298 ayudan a extender nuestro entendimiento de la historia de los Paracas

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